Recuerdo esa noche en Flores, en una casa de no sabíamos quién, con gente que no sabíamos quiénes eran en su mayoría, rompiendo una cama sin saber cómo (casi seguro que saltando al sonido de Ella Era Un Travesti, de Vilma Palma), y Pedro, un gaucho divino, futuro abogado, chapándome en la cocina. Qué lindos tiempos los de la franela juvenil, sin preocuparse, a lo Hakuna Matata. Escapar en un auto con dos hombres que se suponía salían de la fiesta, bajarnos al notar que estaban ebrios, en el medio de la nada abordar un taxi. ¡Qué épocas rockeras! Y también oscuras.
Abrumada por un sentimiento de angustia, de anhelo, llegué a trabajar pensando: Chau, quiero volver a estar churra, quiero volver a ser worry free. No como por el resto del año, y me dejo de estresar en la vida. Le meto toda la garra al estudio, y mi vida va a pasar por el momento por ir a trabajar, volver, estudiar, salir a caminar-trotar (no nos engañemos, trotás media cuadra y te querés sacar las tetas para que dejen de doler), bañarse, ponerse bien diosa para ir a trabajar así conquistas al churro que tenés fichado en el laburo (y que te dedicás a mirar cual adolescente enamorada casi obsesionada mientras está de espaldas trabajando), y te vas a dormir. Nada de ser un parásito duerme-siestas, nada de beber bebidas alcohólicas, nada de comida chatarra, nada de dormir menos de 6 hs diarias, nada de enredarse con chongos que no te prometen nada más que ser la segunda.. y ¿quién te dice? Tal vez dejar de fumar. A partir de ahora, una vida nueva… (me suena chicos, ¿no dije esto a principio del año? ¿Y como 10 veces más en el mes?)
Entré en mi trabajo, y me encontré con la tragedia. NO HABÍA CAFÉ. NADA DE CAFÉ POR EL RESTO DEL DÍA. En un día de trabajo + cursada, donde generalmente no almuerzo y mi néctar de la vida es la cafeína, NOS HABÍAN PRIVADO DE LA GASOLINA DEL LABURANTE POR PROBLEMAS DE AGUA. En ese momento, sólo pude pensar en algo: al carajo todo. Me hago hippie, me voy al sur a vivir la vida, y beber litros de café mientras como chocolates ricos sureños, y tengo sexo con cuanto hombre haciendo dedo vea. Tendré miles de hijos bastardos, y los vestiré con ropas tejidas a mano, mientras BEBO CAFÉ, y me la paso de jarana en jarana.![]()
Gracias al cielo, una compañera me ofreció ir a buscar agua caliente, y me avisó que en mi cajón guardo mate cocido (en mi cajón guardo muchas cosas que desconozco, el otro día me encontré un alfajor abierto y sin envoltura, dejado ahí por andá a saber quién… Tal vez un ritual umbanda). “Bueno, (pensé), las cosas vienen mejorando. Seguro con este mate cocido tiro para el resto de la mañana sin comer porquerías, y mañana me voy a caminar”. Bueno, bueno, un poco de luz a esta mañana angustiada.
9 de la mañana, y yo feliz con bebida. Se abren las puertas de la oficina, y entra Él. El chico nuevo, peludo, alto, tatuado, ese que la primera vez que lo vi pensé “Es churrete, pero es alto, descartado” y luego de verlo varias veces, decidí que me casaría con él y tendríamos hijos, o lograría entablar una conversación con él en una noche medio wild, con luces de colores azules y rojas, beberíamos unos tragos mexicanos, mientras compartimos unos besos salvajes (tengo las fantasías re armadas, ¿vieron?) Desde ese momento, en que LO VI realmente, he pasado mis mañanas esperando la hora desde que llego hasta que llega, para después observarlo y suspirar mientras exclamo “Lo destrozo” y mis compañeras me codean cada vez que se para. No he logrado averiguar el nombre todavía, pero sé que le dicen El Yetti. Un sobrenombre digno para que digan en el altar… “¿Ud, Dra. Corcho, acepta por esposo al Yetti?”... SIEMPRE, diría yo, mientras suspiro y sueltan palomas negras, porque él es un tanto rockero con sus cadenas. La realidad es que no hay chances de que logre conocerlo, ya que no coincidimos en ningún horario. Él llega más tarde, sale de break más temprano, yo me voy antes, y encima nos sentamos muy lejos. Mis cálculos indican que recién voy a poder generar mi ataque en la fiesta de fin de año de la empresa, si es que existe una… paciencia, mientras lo observo y sigo expresando mi amor al sonido de “Lo mato, ¿entendés? Tiene un tatuaje en el codo y cara de El Renegado”, obviamente, poniéndome churra para ese momento.
9:30 de la mañana, y empiezo a tener hambre. Mi estómago grita: meté algo acá adentro, aunque sea un turrón. Las galletitas dulces empiezan a pasear por la oficina, y yo miro con ganas, pero digo bien a lo lady: “No gracias, me estoy cuidando” PRUEBA SUPERADA. Pero te queda el almuerzo chiquita… elegí, gastarte 18 mangos en una ensalada, o 8 pesos en dos empanadas. EL DILEMA. Ser flaca no es para los pobres. O sí, pero porque no comés. Es una letanía ser mujer. Para colmo, todas las mujeres que se sientan a tus al rededores, faltaron, y estás embolada. Perfecto, más ansiedad. Sumale a eso, que te olvidaste cómo chapar, porque la última vez que sentiste el aliento de un hombre fue hace dos meses, y desde ese día, te dedicaste a estudiar a lo loco y rechazarle las invitaciones finde tras finde, muy a tu pesar, sabiendo que posiblemente no volverías a chapar hasta el año 2013, cuando luego de una lluvia de meteoritos, fueras el último recurso de algún hombre para mantener a la especie o mantenerse caliente en el invierno a expensas de tus carnes.
Bueno, el drama se fue apoderando nuevamente de vos. Si serás dramática, mujer. A vos se te cae un pelo, y llorás porque estás pelada. Es increíble. ¿Será la falta de comida? Nuevamente, exagerando. Claro, es porque tenés ganas de fumar, y te faltan recién 3 hs para salir de break. En este momento, te estás imaginando con un turbante en la cabeza, ametralladora en mano, gritando “Mueran infieles o traiganmé café”.
Sólo tené paciencia, tontita. Ya faltan pocos días para las vacaciones, para que rompas todas las promesas que dejaste asentadas en el párrafo 2, salgas de jarana, sigas engordando, agrandando tus ojeras, y viviendo la mala vida. Mala vida no, VIVIENDO EL ROCK AND ROLL…
Recuerdo que cuando trabajaba de oficinista -y no de docente hija de puta como ahora- mi droga eran las sopitas quick, si se me terminaban era EVIDENTE que iba a descarrilar y a clavarme uno o dos Cachafaz. Más coca, por supuesto. Súper saludable.
ResponderEliminarPor lo pronto le digo, Dra., que la descripción de su compañero laboral está más que aprobada. Digamosle sí a los hombres tatuados, barbudos y con cadenas. Oh Sí.