viernes, 22 de julio de 2011

No sé qué título poner porque esto es más de lo mismo

Muchachos, perdí la paciencia. Les juro. Yo siempre fui una chica re calmada, amorosa. Sé que soy una buena mina, y en algunos momentos todo un panquecito, hasta he notado que la gente tiende a abrazarme (tal vez porque me parezco a un osito de felpa en todo sentido). Pero si hay algo para lo cual tengo mi carácter de mierda, es para los hombres. Me sacan de quicio. Ahí pierdo toda la diplomacía, y se va todo al re carajo. Creo que este blog, puede servir como prueba de ello, y como prueba de que tengo SERIOS cambios de humor.
Ayer por ejemplo, me fui de compras. Una mujer con tantos temitas psicológicos como yo, no es sorpresa que sea medio compradora compulsiva. Pero ayer creo que perdí mi escencia. Compré un montón, obvio. Pero sin ganas, enojada, puteaba por lo caro que está todo, no me daba ganas de probarme nada. Esto es buenísimo para mi tarjeta de crédito y mi billetera, pero… chicos, el sexo masculino me quitó hasta las ganas de comprar!!! ESTO NO ES BUENO PARA MI ESPÍRITU. Todo esto gracias a una serie de eventos desafortunados.
Resulta que venía notando que tengo un serio imán para el hombre bígamo, ya que “hombre en quien me fijo = tiene novia”. Si no era así, era “hombre que me da bola= tiene novia”, y la peor, “hombre que me da bola=me deja para ponerse de novio”. Esto no sólo me hizo pensar que alguna persona malvada, agarró un muñeco budu mío, y lo ató a un pirata de juguete, sino muchas cosas más. Cosas como que el radar es interno, inconsciente, y una garcha. Cosas como que sólo atraigo esa clase de hombres porque doy imagen de “la amante”. Cosas como que todos los hombres son una reverenda mierda y se cagan todos en las mujeres, y que seguramente no quede nada decente allá afuera. Todo eso te hace pensar el hecho de andar revoloteando con un hombre con compromisos previos. Ojo, no necesariamente tiene que haber una relación con el susodicho. Ponele que lo conociste en un cheboli, hubo onda, hubo chape, hubo franela. Y de repente, tiene novia el desgraciado. También te genera bronca. ¡Cagate en tu novia nomás, cagate en todo el género femenino!. He sido acusada de extremista, exagerada, pero no me parece tan trillado creer que un hombre que engaña a su mujer es una reverenda mierda y se le deberían extirpar los testículos. Y que si yo soy cómplice en el engaño (lease: siendo la otra parte engañante), soy tan mierda como él. Pero confieso haber pecado, y haber sido una mierdita.
Chicos, he tenido flacos cercanos al altar llamándome por teléfono todo el tiempo diciéndome “Dale, ella no se entera, quiero que seas mi despedida de soltero” ¿WTF? ¿Dónde quedó el respeto por el matrimonio? Eso mismo le contesté yo, pero el tipo me decía que para él no era engaño porque no era tener una relación, sino pura y exclusivamente físico. Convengamos que medio que le correspondía yo con el histeriqueo, o sea que yo también me pasé la idea del matrimonio por el traste. Y bueno, loco, la carne es débil, el invierno frío, y uno tiene que ser de acero para no ceder ante tanta insistencia.
Les voy a contar. Luego de este pibe (aquí el caso “hombre que me da bola= tiene novia”), anduve dando vueltas con otro -bastante mencionado en este blog- quien me cortó el rostro de un día para el otro, porque se estaba chamullando a una compañera y la piba agarró viaje, así que se pusieron de novios ( caso “hombre que me da bola = me deja para ponerse de novio”). Todos leyeron lo encabronada que quedé con el género masculino, pero nuevamente me puse al ruedo, y una noche sin planearlo, conocí al gordi. Yo venía chocha por el boliche, lo cagué a cornetazos, y surgió la onda. El gordi pintaba copado, medio tierno (no es algo tan positivo, people), y por sobre todas las cosas, no desapareció al día siguiente de conocernos. Más bien, el pibe no sólo apareció  al toque, sino que apareció y apareció semana tras semana, los miércoles, los sábados. Un gentelman. Se bancó mis 8 millones de “no puedo, estudio este finde”, y siempre fue muy atento a la hora de contestar. Pero, como estoy destinada a la bazofia, un día facebook me indica lo que todos esperábamos. Tenía novia. Me cago en mi salud, siempre lo mismo. Lo encaré, y empezó la cadena de excusas que ya me conozco de memoria:
-Vos y yo la pasamos bien, no lastimamos a nadie.
-Ella no importa, estamos en las últimas.
-No vas a tener quilombos, te lo prometo.
-Va más allá de si estoy con alguien o no, nos conocimos de casualidad y no quiero perderte.
Bla Bla Bla (algunas más cursis, y no las reproduzco por vergüenza ajena). El problema mayor tal vez, fue que el pibe me hacía el papel del novio de América, de vos me importás. Claramente, yo sabía que no era así, porque los hombres son todos inconsistentes, más allá de si tienen pareja o no, y siempre desconfío de sus palabras melosas. Así que lo mandé a freir churros. Pero la carne es débil, he dicho, y el invierno traicionero.
Así fue, que el día del amigo, me encontré recibiendo sms de el susodicho gordi. Nuevamente con excusas típicas y conocidas, le volví a cortar el rostro, pero esta vez dejando lugar a un reencuentro cercano, y a mi meditación por la situación.
Enojada estaba, de haber cedido ante las mentiras masculinas, que fue que sucedió. Demostré ser una cabrona. Venía volviendo de la cena amiguera, con un poco de humo saliendo de mi cabeza gracias al gordi, caminando sola por la calle en un horario tardío, y un pendejo concheto de 18 añitos se me hizo el loco. Venía sacadito, claramente porque no sabe tomar, y me gritaba obscenidades y se hacía el cancherito. Yo, sola en el medio de la noche, me di vuelta y lo empecé a encarar. Pero no fue un encare de mujer pajera. Fue encare de muchacho de cancha enojado porque su equipo descendió a la B. Lo entré a apurar, empecé a acercarme bien cabreada, y a hacerlo retroceder al medio de la calle en una avenida. Atrás, los amigos  corriéndolo, diciéndole: “pibe, es una mina, no seas pelotudo”, mientras el nene me decía “¿querés que nos vayamos de manos?” y yo le contetaba: “DALE PEDAZO DE FORRO, NO TENES HUEVOS”, con mis botas de plataforma, la boinita, y lentes de mujer bien. Sacada como estaba, mientras lo apuraba, los amigos me pedían disculpas de parte de él, y yo les indicaba que lo calmaran porque lo iba a calmar yo, y si no lo calmaba yo, se encargaría la cana. Me sentí poderosa. 15 nenes de 18 pidiéndome disculpas, y un pelotudo retrocediendo con cagaso. Mientras en mi mente cebada pensaba “en mi barrio no se jode”, pasó algo que nunca voy a olvidar. Un niño de 18, con cara de nene angelical, me mira y dice: ”SEÑORA, perdoneló, no la pone hace rato”.
De más está decir, que la situación terminó en una cagada a pedos de mi parte, continuar la caminata a mi casa, y acostarme en mi cama. Pero mientras intentaba dormirme, logré ver que podrían haberme cagado a piñas entre 15 flacos. Supuse que me saqué, porque después de 4 años de laburar en una zona conchetísima de San Isidro, descubrí que si hay algo que odio y me repugna, es el pendejo conchetito que se la da de capo. Me parecen la mugre humana. Siempre pensé que los cagaría a golpes, pero nunca imaginé que estaría tan cerca. Análisis tras análisis, me di cuenta que me pasaba sólo con el género masculino, que las pendejas conchetas que se hacen las cancheras no me molestaban, y llegué a la verdad de mi vida. Mi relación con el cromosoma Y, es una relación amor-odio. Odio a los hombres, y los amo. Me encantan los hombres, pero en el fondo los desprecio. No puedo calificar como torta por eso, porque también los amo. (Y porque no me gustan las mujeres).
A parte de lo obvio, (lease: problemitas mentales de quién escribe, que serán tratados en terapia en algún momento), puedo asegurar que ellos me dieron los motivos para odiarlos. Desde Augusto, mi novio de la infancia, que me rompió un ojo con una rama en la casita del árbol, y años después tuvo el tupé de no aceptarme en facebook, hasta el gil que me manda mensajes diciendo “no es a escondidas, pensá en lo lindo que la pasamos juntos, no vas a tener problemas”. Entonces, mi mensaje a todos los hombres que me pueda cruzar por el resto de mi vida es: NO SE SORPRENDAN. No se sorprendan si soy medio forra, si soy medio desconfiada, si los “cosifico” (como me dijo alguien una vez). Es producto de enseñanzas de la vida.
Francamente, (¡si lo habré dicho ya en este blog!), considero que estoy condenada.
¿Uds que dicen?

miércoles, 13 de julio de 2011

Una mañana cualquiera

   Recuerdo esa noche en Flores, en una casa de no sabíamos quién, con gente que no sabíamos quiénes eran en su mayoría, rompiendo una cama sin saber cómo (casi seguro que saltando al sonido de Ella Era Un Travesti, de Vilma Palma), y Pedro, un gaucho divino, futuro abogado, chapándome en la cocina. Qué lindos tiempos los de la franela juvenil, sin preocuparse, a lo Hakuna Matata. Escapar en un auto con dos hombres que se suponía salían de la fiesta, bajarnos al notar que estaban ebrios, en el medio de la nada abordar un taxi. ¡Qué épocas rockeras! Y también oscuras.
   Abrumada por un sentimiento de angustia, de anhelo, llegué a trabajar pensando: Chau, quiero volver a estar churra, quiero volver a ser worry free. No como por el resto del año, y me dejo de estresar en la vida. Le meto toda la garra al estudio, y mi vida va a pasar por el momento por ir a trabajar, volver, estudiar, salir a caminar-trotar (no nos engañemos, trotás media cuadra y te querés sacar las tetas para que dejen de doler), bañarse, ponerse bien diosa para ir a trabajar así conquistas al churro que tenés fichado en el laburo (y que te dedicás a mirar cual adolescente enamorada casi obsesionada mientras está de espaldas trabajando), y te vas a dormir. Nada de ser un parásito duerme-siestas, nada de beber bebidas alcohólicas, nada de comida chatarra, nada de dormir menos de 6 hs diarias, nada de enredarse con chongos que no te prometen nada más que ser la segunda.. y ¿quién te dice? Tal vez dejar de fumar. A partir de ahora, una vida nueva… (me suena chicos, ¿no dije esto a principio del año? ¿Y como 10 veces más en el mes?)
Entré en mi trabajo, y me encontré con la tragedia. NO HABÍA CAFÉ. NADA DE CAFÉ POR EL RESTO DEL DÍA. En un día de trabajo + cursada, donde generalmente no almuerzo y mi néctar de la vida es la cafeína, NOS HABÍAN PRIVADO DE LA GASOLINA DEL LABURANTE POR PROBLEMAS DE AGUA. En ese momento, sólo pude pensar en algo: al carajo todo. Me hago hippie, me voy al sur a vivir la vida, y beber litros de café mientras como chocolates ricos sureños, y tengo sexo con cuanto hombre haciendo dedo vea. Tendré miles de hijos bastardos, y los vestiré con ropas tejidas a mano, mientras BEBO CAFÉ, y me la paso de jarana en jarana.
   Gracias al cielo,  una compañera me ofreció ir a buscar agua caliente, y me avisó que en mi cajón guardo mate cocido (en mi cajón guardo muchas cosas que desconozco, el otro día me encontré un alfajor abierto y sin envoltura, dejado ahí por andá a saber quién… Tal vez un ritual umbanda). “Bueno, (pensé), las cosas vienen mejorando. Seguro con este mate cocido tiro para el resto de la mañana sin comer porquerías, y mañana me voy a caminar”. Bueno, bueno, un poco de luz a esta mañana angustiada.
9 de la mañana, y yo feliz con bebida. Se abren las puertas de la oficina, y entra Él. El chico nuevo, peludo, alto, tatuado, ese que la primera vez que lo vi pensé “Es churrete, pero es alto, descartado” y luego de verlo varias veces, decidí que me casaría con él y tendríamos hijos, o lograría entablar una conversación con él en una noche medio wild, con luces de colores azules y rojas, beberíamos unos tragos mexicanos, mientras compartimos unos besos salvajes (tengo las fantasías re armadas, ¿vieron?) Desde ese momento, en que LO VI realmente, he pasado mis mañanas esperando la hora desde que llego hasta que llega, para después observarlo y suspirar mientras exclamo “Lo destrozo” y mis compañeras me codean cada vez que se para. No he logrado averiguar el nombre todavía, pero sé que le dicen El Yetti. Un sobrenombre digno para que digan en el altar… “¿Ud, Dra. Corcho, acepta por esposo al Yetti?”... SIEMPRE, diría yo, mientras suspiro y sueltan palomas negras, porque él es un tanto rockero con sus cadenas. La realidad es que no hay chances de que logre conocerlo, ya que no coincidimos en ningún horario. Él llega más tarde, sale de break más temprano, yo me voy antes, y encima nos sentamos muy lejos. Mis cálculos indican que recién voy a poder generar mi ataque en la fiesta de fin de año de la empresa, si es que existe una… paciencia, mientras lo observo y sigo expresando mi amor al sonido de “Lo mato, ¿entendés? Tiene un tatuaje en el codo y cara de El Renegado”, obviamente, poniéndome churra para ese momento.
   9:30 de la mañana, y empiezo a tener hambre. Mi estómago grita: meté algo acá adentro, aunque sea un turrón. Las galletitas dulces empiezan a pasear por la oficina, y yo miro con ganas, pero digo bien a lo lady: “No gracias, me estoy cuidando” PRUEBA SUPERADA. Pero te queda el almuerzo chiquita… elegí, gastarte 18 mangos en una ensalada, o 8 pesos en dos empanadas. EL DILEMA. Ser flaca no es para los pobres. O sí, pero porque no comés. Es una letanía ser mujer. Para colmo, todas las mujeres que se sientan a tus al rededores, faltaron, y estás embolada. Perfecto, más ansiedad. Sumale a eso, que te olvidaste cómo chapar, porque la última vez que sentiste el aliento de un hombre fue hace dos meses, y desde ese día, te dedicaste a estudiar a lo loco y rechazarle las invitaciones finde tras finde, muy a tu pesar, sabiendo que posiblemente no volverías a chapar hasta el año 2013, cuando luego de una lluvia de meteoritos, fueras el último recurso de algún hombre para mantener a la especie o mantenerse caliente en el invierno a expensas de tus carnes.
   Bueno, el drama se fue apoderando nuevamente de vos. Si serás dramática, mujer. A vos se te cae un pelo, y llorás porque estás pelada. Es increíble. ¿Será la falta de comida? Nuevamente, exagerando. Claro, es porque tenés ganas de fumar, y te faltan recién 3 hs para salir de break. En este momento, te estás imaginando con un turbante en la cabeza, ametralladora en mano, gritando “Mueran infieles o traiganmé café”.
Sólo tené paciencia, tontita. Ya faltan pocos días para las vacaciones, para que rompas todas las promesas que dejaste asentadas en el párrafo 2, salgas de jarana, sigas engordando, agrandando tus ojeras, y viviendo la mala vida. Mala vida no, VIVIENDO EL ROCK AND ROLL